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domingo, 30 de abril de 2017

ACERCA DE LOS SUEÑOS LÚCIDOS (II)

A principios del mes pasado os hablaba de los sueños lúcidos y de algo de la teoría que ronda en torno a ellos. Estudios, experimentos en hospitales y análisis por parte de los científicos nos han permitido descubrir un rinconcito de ese mundo especialmente maravilloso que rodea a estas experiencias oníricas. Algo de eso os conté ya,

http://maytedelsols.blogspot.com.es/2017/03/acerca-de-los-suenos-lucidos-i.html

pero en esta ocasión quiero decantarme por aspectos más cercanos, así como consejos para todo aquel que quiera aventurarse en este territorio tan poco explorado.


En la actualidad sabemos que los sueños son manifestaciones visuales inconscientes que nuestro propio cerebro genera por diferentes motivos o estímulos, y que están conformados por información y recuerdos que almacenamos en él a lo largo de nuestra vida. De ahí que todas las imágenes de nuestros sueños nos resulten familiares. Por supuesto, pueden aparecer nuevos personajes o lugares en un sueño, aunque según el psicólogo Michael Breus, son en realidad una combinación de imágenes o secuencias que hemos visto con anterioridad. Bajo mi punto de vista, y aunque suene excesivamente arrogante, no coincido del todo con su afirmación pues también pueden tenerse sueños lúcidos en los que viajemos a lugares en los que nunca hemos estado ni conocemos, o vemos escenas que jamás habíamos vivido. Obviamente, esta afirmación personal resulta bastante arriesgada, pero experiencias vividas por mí así me lo hacen creer.

No hace mucho tiempo falleció una hermana de mi padre a la que estaba yo muy unida. La mujer era muy anciana, y con noventa y cinco años y todo hecho en esta vida, creemos que decidió poner punto final a su vida para extinguirse, en poco tiempo, como un pajarito. Yo tenía un vínculo muy estrecho con ella por circunstancias de la vida, y recuerdo que fui la que se personó en la residencia de ancianos donde mi tía había pasado los últimos años de su vida, para organizar todos los trámites del entierro.

Tres noches después de haberla enterrado, estaba yo durmiendo cuando noté algo extraño que tiraba de mi brazo derecho. Recuerdo que me encontraba inmersa en un sueño, y que además éste era muy agradable. Un grupo de buenos amigos nos encontrábamos reunidos y bromeábamos alegremente, pero ese “algo” tiraba de mi brazo y me molestaba. Me desperté ligeramente y comprendí que estaba en mi dormitorio, pero esa molestia, ese “algo” que tiraba de mí seguía allí. Hice un gesto para desasirme de lo que fuese que me estaba tocando, y me volví a sumergir en el sueño de manera voluntaria. Curiosamente, regresé al sueño que tenía instantes antes y comprendí que estaba experimentando un sueño lúcido, porque proseguí en la misma escena que había dejado. En ella yo les incitaba a mis amigos a salir de aquel local y pasear por la calle. Era como si mi subconsciente no quisiese atender a esa “molestia” que tenía fuera del sueño. Una vez en la calle, yo los llevaba voluntariamente a un local de copas (que jamás había visto en estado de vigilia), y los invitaba a tomar unas bebidas concretas. Recuerdo que me miré las manos en ese instante, y comprendí que aquello lo estaba manipulando yo y que no era real.

Aunque me sentía cómoda en esa fantasía onírica, de repente sentí la acuciante necesidad de saber qué estaba ocurriendo “fuera de él” y decidí finalizar el sueño. Como si fuese a la velocidad de la luz, retorné a un duerme-vela que me hizo ser consciente de que aquella molestia continuaba. Abrí los ojos definitivamente y no olvidaré nunca que al girar mi cabeza hacia la derecha de la cama, que era el lugar de donde provenía, me encontré con el rostro de mi tía recién fallecida.

Sólo mostraba la cara, el cuello y parte de los hombros, y su aspecto no era en absoluto decrépito ni arrugado como en el momento de su muerte, sino de una lozanía típica de sus mejores años de vida. La miré asombrada y ella me sonrió de forma benévola y amable, como haciendo ademán de despedirse. Extrañamente, me sentí invadida por una fuerte energía que no sabía de dónde provenía. En cuestión de segundos, mi tía desapareció y me volví a recostar pensativa sobre la almohada. Antes de volver a dormirme tuve el total convencimiento de que ella había venido a despedirse, pero yo había provocado involuntariamente un sueño lúcido para evitar aquel suceso.

Está claro que los sueños lúcidos comienzan como cualquier sueño normal, pero cuando comienzas a soñar de manera lúcida, es cuando eres realmente consciente, de una manera abrumadora, del hecho de que tu mundo onírico no es real. Y cuando te das cuenta de ello, puedes controlar y manipular ciertos aspectos de la realidad del sueño. Eso es lo que diferencia el sueño lúcido de una alucinación, porque tu cuerpo físico está profundamente dormido y, en realidad, no siente nada de lo que haces aunque estés consciente y tengas el control.

Después de lo contado anteriormente, es muy probable que haya personas que deseen tener un sueño de este tipo. Reconozco que no es algo fácil de conseguir pues hace falta constancia y paciencia, y además, todos los métodos y técnicas tienen ventajas e inconvenientes dependiendo de la persona en sí. Por eso, solamente se pueden dar indicaciones generales a partir de las cuales cada uno construya su método personal. Stephen Laberge clasifica los sueños lúcidos en dos tipos, en base a la forma en que la lucidez aparece: durante el sueño (DILD) o al quedarse dormido (WILD).

Personalmente, opino que la manera más fácil de conseguirlo es utilizando el método DILD (Dream Induced Lucid Dreams), que se llama precisamente así porque comienza en un sueño. Esta es la manera de que la mayoría de la gente, aunque no tenga entrenamiento alguno, pueda experimentar al menos una vez en la vida un sueño lúcido de manera espontánea. En este caso, todo comienza con un sueño común, y consiste en darse cuenta o ser consciente, de alguna forma, de que estamos soñando. Es justo ahí cuando se entra en estado de lucidez, que es precisamente el que yo experimenté en el caso personal que he narrado antes

Para lograrlo, el primer paso es practicar el ejercicio de recordar los sueños al despertar. Si nos levantamos con prisa por acudir a nuestras obligaciones diarias o por el soniquete del despertador, no obtendremos éxito. Por eso conviene despertarse poco a poco, tratar de no abrir los ojos en seguida y recordar los sueños lo mejor que se pueda, con todos los detalles posibles. Por la noche, antes de dormir, conviene decirse a uno mismo – e incluso anotar – qué es lo que deseamos hacer cuando adquiramos lucidez, y después irnos a dormir con la intención de lograrlo. El siguiente paso es estar siempre atentos a las señales de los sueños, que habitúan a ser situaciones completamente inverosímiles estando en vigilia.

El otro tipo de método al que alude LaBerge es llamado WILD (Wake Induced Lucid Dreams), y puede llevar a tener experiencias fuertes y nítidas de los sueños lúcidos. Es más difícil de lograr porque se necesita un estado de tranquilidad y relajación difíciles de conseguir. Consiste en entrar directamente en estado REM (o sueño paradójico) desde la vigilia, manteniendo la consciencia en todo momento y sin tener ninguna ruptura. De ahí que en este método sea tan importante la relajación y la atención. Esta última resulta de vital importancia, porque es la que nos mantiene conscientes, la que nos da la continuidad mental para poder entrar de manera lúcida en nuestros sueños.


 Si después de relajarnos comenzamos a ver puntos de colores, rayas, o imágenes que pasan por nuestro campo visual, se pueden aprovechar dichas imágenes del estado hipnagógico (entre la vigilia y el sueño), para enfocar ligeramente nuestra atención en las imágenes que se nos presentan. Como en todas las técnicas en las que el factor fundamental es la atención, en este caso debemos adoptar el papel de “testigos”, observando en silencio pero sin involucrarnos. Conforme pasen los minutos, dichas imágenes o puntos irán desarrollándose hasta formar escenas completas, y cuando se vuelvan extremadamente sólidas o reales es el momento de “entrar”, de una manera sencilla y natural, en el sueño y vernos participando en el mundo onírico.


 Si lo anterior no funciona (hay muchas personas que no ven ni imágenes ni puntos), se puede contar mentalmente mientras nos quedamos dormidos, por ejemplo hasta el nº 100, y cuando lleguemos a ese número, decimos en voz alta: “estoy soñando”, y a continuación miramos a nuestro alrededor para comprobar que efectivamente lo estamos haciendo. Si no estuviésemos soñando, repetimos los mismos pasos y volvemos a verificar nuestro estado nuevamente.

Otra buena opción para mantener la atención es fijar la atención en las sensaciones del cuerpo. Con paciencia, y transcurrido un buen rato, comenzaremos a tener la sensación de estar “flotando”, pudiendo experimentar, con toda probabilidad, extrañas vibraciones por todo nuestro cuerpo. No hay que asustarse porque esta es la señal de que estamos cerca. En ese justo momento, hay que relajarse y entregarse a esas vibraciones, y cuando todo comience a cobrar una gran intensidad, es cuando podemos vernos inmersos en una escena dentro de un sueño, o bien tener una experiencia de salida del cuerpo.

Como veis, el asunto tiene su puntillo ciertamente laborioso, pero con paciencia y tranquilidad todos podemos tener sueños lúcidos, ya sea utilizando un método u otro. Os aconsejo que lo probéis aunque, eso sí, en días en los que no debáis madrugar. Como todo lo relacionado con el mundo onírico, ni las prisas ni el despertador son buenos compañeros.



¡Felices sueños!

sábado, 25 de marzo de 2017

ACERCA DE LOS SUEÑOS LÚCIDOS (I)



Desde hace un tiempo deseaba escribir acerca de este tema, sobre todo dada la cantidad de gente que me pregunta al respecto. La verdad es que se han vertido ríos de tinta para tratar de explicar los sueños lúcidos en todas sus dimensiones, por lo que quizá pueda parecer algo redundante lo que aquí trato de explicar. No obstante, mi enfoque no pretende ser excesivamente científico o técnico. Para eso ya están los psiquiatras, psicólogos e investigadores. A este lugar lo que me gusta traer siempre son explicaciones fáciles de entender para casi todo el mundo, así como casos reales que ilustren, de manera clara, el tema del que hablo. No obstante, en esta primera ocasión me resulta imprescindible hablar sucintamente del tema a nivel científico.

Tener la experiencia de vivir un sueño lúcido resulta apasionante, y para muchas personas entre las que me incluyo, no es preciso inducirlos de una manera más o menos “consciente” porque podemos hacerlo de manera espontánea aunque, eso sí, sin tener la capacidad de prepararlos a voluntad. Estar soñando y ser consciente de que lo estás haciendo resulta, a primera vista, sorprendente. Y más todavía si vamos modificando el sueño según nuestro deseo para que ocurran las cosas que anhelamos. ¿Por qué sucede esto? Pues porque a las personas que tenemos facilidad para experimentar sueños lúcidos, nuestro lóbulo frontal nos funciona de manera algo distinta y no llega a estar plenamente dormido. Como la consciencia del ser humano nunca se desconecta del todo aunque estemos durmiendo, durante la fase REM (que es cuando se producen las ensoñaciones), nuestra actividad cerebral aumenta especialmente en el lóbulo frontal del cerebro, que es el que está vinculado con la actividad cognitiva. Esto se sabe porque se ha podido medir científicamente.

En mi caso, reconozco haber tenido sueños lúcidos con más frecuencia siendo niña o adolescente, aunque ahora también los tenga pero de manera más esporádica. Ya no se producen con tanta frecuencia, pero cuando lo hacen es a menudo tras una pesadilla, imagino que a manera de autodefensa psíquica. Hace un tiempo leía en un artículo de la sección de ciencia de ABC (http://www.abc.es/ciencia/20150127/abci-suenos-lucidos-ventajas-201501261802_1.html), que el cerebro de los que experimentamos sueños lúcidos espontáneos es diferente, pues tenemos la corteza prefrontal (el área del cerebro que permite la autorreflexión), más grande que las personas que no acostumbran a experimentar sueños lúcidos nunca o casi nunca. Esta es una conclusión a la que han llegado neurocientíficos del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano en Berlín, y el Instituto Max Planck de Psiquiatría, en Munich.

Como veis, hay mucha especulación sobre el asunto, pero ahora llegamos al meollo del asunto, a esa pregunta que me han hecho en numerosas ocasiones ¿podemos provocarnos nosotros mismos los sueños lúcidos si no tenemos la capacidad de hacerlo de manera espontánea? O lo que vendría a ser un resumen de todo lo anterior ¿cómo se hace para tenerlos? Lo primero que debo decir, por casos que conozco, es que el asunto no es nada fácil, y además de necesitarse mucho tiempo, no todo el mundo llega a lograrlo. Ni yo misma lo consigo cuando lo deseo.

 Según Stephen LaBerge, en la actualidad uno de los mayores expertos en la materia, la frecuencia de estos sueños aumenta si se entrena a las personas para detectar los contenidos absurdos de los sueños, que habitualmente nos parecen normales mientras soñamos. Esto nos ayuda a reconocer que estamos soñando, que es la principal característica de los sueños lúcidos, los cuales se sabe también que ayudan en la mejoría de determinadas patologías como la depresión o la ansiedad. Resulta curioso que también tengan más sueños lúcidos de lo normal las personas con narcolepsia, un trastorno del sueño que causa somnolencia excesiva y ataques de sueño irreprimibles, incontrolados y frecuentes durante el día, así como pesadillas que producen pánico durante la noche.

Siempre resulta muy chocante para el soñador descubrir que esta teniendo un sueño lúcido, y eso provoca que debido a la emoción que siente, se “salga” del sueño y se despierte, con la consecuente frustración. Por eso aconsejo que la primera vez que alguien descubra que está soñando, procure mantener la calma. Si tenemos un sentimiento de felicidad, hay que procurar no exteriorizarlo y tomarlo con moderación, porque esas emociones fuertes durante un sueño lúcido son propensas a hacernos despertar. Estas pueden ser impresionantes porque podemos soñar que volamos, que viajamos a cualquier momento de la historia o que visitamos otras dimensiones, por poner un ejemplo. El abanico de posibilidades en un sueño lúcido es infinito, tanto como nuestra imaginación, aunque hay experiencias más difíciles de realizar que otras, sobre todo porque se necesita tiempo para asumir plenamente el control de este tipo de sueños.

Para tener un sueño lúcido se necesitan dos cosas: por un lado, un sueño vívido que todavía seamos capaces de recordar cuando despertemos, y tener también la capacidad de descubrir dentro del sueño que estamos soñando. El concepto es muy simple: necesitas tener un sueño, de alguna manera darte cuenta de que estás soñando, y luego tomar el control del sueño para que sea interesante. Por último, permanecer lúcido durante el tiempo que deseas es fundamental para que el ciclo se complete.

Pero quiero puntualizar algo importante, y es que antes de comenzar a tener sueños lúcidos, es necesario sobre todo tener facilidad para recordar lo que se ha soñado, realizar comprobaciones de la realidad para saber cuando estamos soñando, y poder planificar nuestro sueño para experimentar el sueño lúcido que elijamos. Es obvio que no seremos capaces de tener un sueño lúcido mientras no podamos recordar nuestros sueños, por lo que ese es el primer punto por el que hay que empezar.

La naturaleza de los sueños es con frecuencia tan vívida, que muchas veces creemos que estos son reales a pesar de que al despertar comprobemos que no lo eran. Como el cerebro funciona siguiendo las pautas del "ver para creer", es muy probable que creamos lo que vemos como una cuestión de rutina, ya sea en un sueño o en la vida de vigilia. Por eso es conveniente estimularlo para que sepa distinguir la realidad de la ficción. La aventura resulta apasionante, y tener un sueño lúcido, todavía más. Os garantizo que se consiguen experiencias increíbles, pero esas las dejo para la próxima ocasión, en que os contaré cómo se puede lograr tener un sueño lúcido, así como algún que otro caso real que os impactará.

¡Os espero!





martes, 28 de febrero de 2017

LOS SUEÑOS EN EL ANTIGUO EGIPTO


 
Cuando nos sumergimos en la historia antigua, a menudo resulta chocante ver las afinidades y similitudes que se establecen entre los diferentes pueblos y culturas, por muy alejados que puedan estar geográficamente. No es este el caso de Grecia y Egipto, aunque cada uno pertenezca a un continente diferente. Sin embargo, la contaminación cultural es un hecho que proviene de miles de años atrás. Como es lógico, mi fascinación viene por el gran parecido en la forma de tratar el fenómeno de los sueños por parte de ambas culturas. Tanto la Grecia clásica como el Antiguo Egipto dotaron a la Oniromancia de una importancia extraordinaria que en la actualidad se ha perdido.
 
Hace ya un tiempo hablé de la técnica que se usaba en muchos pueblos de la antigüedad para analizar la psique del individuo en caso de que tuviese problemas, o para ayudarle con dudas o incertidumbres, en resumen, para sanarle. En mi post SUEÑOS PARA SANAR hablaba de que en la Antigua Grecia se estudiaban con detalle sueños “provocados” que los individuos iban a buscar al interior de los Asclepeion para obtener, a través de lo que se consideraba entonces que era una consulta a los dioses, la respuesta adecuada para cuestiones previamente planteadas. Con dichas respuestas, la persona salía comprendiendo lo que le sucedía, aunque siempre ayudada en dicha comprensión por los terapeutas que para ello estaban en el templo.

Pues bien, en el Antiguo Egipto ocurría algo similar, quizá por esa “contaminación cultural” a la que aludía antes, aunque dicha práctica, la llamada INCUBATIO y de inspiración claramente helenística, fuese ya relativamente tardía para la civilización egipcia. Cuando el egipcio de aquella época deseaba obtener la opinión de un dios sobre un tema en concreto, iba a dormir a un santuario específicamente creado para ello, totalmente convencido de que el dios se le aparecería en sueños y le daría una respuesta clara y sin simbolismos extraños.

Sin embargo, si nos hundimos en la noche de los tiempos, mucho antes de que la influencia cultural griega fuese una evidencia, el sueño poseía igualmente una fuerza especial para la mentalidad de aquel pueblo. A los ojos de los antiguos egipcios, la noche sumergía al durmiente en un tiempo muerto en medio de la creación, tiempo que poseía el don de hacer retornar a las fuerzas del caos. De ahí que considerasen que la persona que dormía se encontraba en un estado de muerte provisional, y en contacto con todos los seres y visiones fantásticas que frecuentan ese mundo de lo no tangible.

Para ellos, el sueño era un territorio dominado por los dioses, quienes, invisibles durante el día, podían aparecerse en su auténtica forma al llegar el ocaso. Por la noche, y con el sueño, el hombre tenía la oportunidad de percibir las realidades del Más Allá que le rodeaban. Sumergido en la noche y sin contacto con lo terrestre (siempre bajo el prisma del hombre egipcio antiguo), el durmiente se abría a las numerosas percepciones de un universo diferente, en el que el futuro podría mostrarse ante él. Sin embargo, el tipo de sueños que más interesaba en el Antiguo Egipto, y al que mayor atención dedicaron, según se ha podido descifrar en sus numerosos escritos sobre este tema, es a los SUEÑOS PREMONITORIOS. (La mayoría de vosotros habréis escuchado hablar, en más de una ocasión, de los famosos sueños que tuvo un faraón y que al no saber interpretar, fueron entendedidos con certeza por José. Hoy no hablo de este episodio, sino de la visión general que tenían los egipcios acerca del mundo onírico).

El sueño, si se interpretaba correctamente, revelaba a los egipcios las inquietudes del futuro, y la magia les permitía, ya en estado de vigilia, liberarse de ellas. Si los sueños eran nefastos, se consideraba que traían consigo una advertencia para protegerse ante la eventual amenaza del futuro, o también que el durmiente estaba indefenso en esos momentos ante las malvadas fuerzas del caos.

Cabezal de Tutankhamon
Resulta muy curiosa la cabecera que tenían los egipcios en sus lechos. A modo de precaución o protección, utilizaban una especie de reposacabezas para sostener sus cabezas mientras dormían. Este cabezal tenía forma de media luna y se sostenía por un pie, estando provista de una almohada donde apoyaban la cabeza. En el pie se reproducían grabados o pinturas de imágenes divinas destinadas a proteger al durmiente de las malvadas fuerzas que, según su visión, habitaban la noche.

Para ellos, el momento de soñar comportaba riesgos, ya que las imágenes oníricas podían estar cargadas de imágenes amenazantes. En la mayoría de los casos, los sueños constituían una útil visión del futuro, o una forma de contactar con el universo sobrenatural de los dioses. Como estos, según el pensar de este pueblo, raramente se aparecían a los simples mortales durante el día, era probable que pudiesen hacerlo en sueños. De ahí que estas visiones, por muy extrañas que pareciesen, se considerasen advertencias divinas a tener muy en cuenta, surgiendo de ellas la necesidad de clasificar los sueños para definir sus significados.

Numerosas fuentes coinciden en afirmar que existieron en el Antiguo Egipto unas claves para interpretar los sueños, las cuales consistían en unas listas que marcaban cómo interpretar cada relato onírico. Además, se cree que su antigüedad es grande y que este aspecto ya se tenía en cuenta en los comienzos de dicha civilización. Los primeros fragmentos conservados de un tratado egipcio sobre los sueños pertenecen a la XIII dinastía, alrededor del 1.750 a.C., y se trata de una exposición de fórmulas para recitar con el fin de protegerse de los efectos de "todo sueño malvado visto en el transcurso de la noche". Las más interesantes de estas claves, de las que se conservan algunos fragmentos, se conoce gracias a un papiro, el Papyrus Chester-Beatty III, cuyo contenido podría remontarse hasta el periodo que va del 2000 al 1785 a.C., y al que se llamaba EL LIBRO DE LOS SUEÑOS.

Según esta documentación, el que un hombre viese en sueños una serpiente era algo bueno, un magnífico augurio, y se interpretaba como un aumento de las provisiones. Y había toda una lista que indicaba qué sueños eran buenos y cuáles no. Por ejemplo, todavía se conservan indicaciones como las de que si el soñador se veía mirando por una ventana era bueno, ya que significaba que el dios escucharía su grito. Sin embargo, ver una cama ardiendo reflejaba el rapto de su mujer, o ver a un enano presagiaba que la mitad de su vida le sería arrebatada. Bajo nuestro prisma actual y occidental, esta interpretaciones podrán parecernos de los más extraño, pero hay que tener en cuenta el contexto social y el marco moral en el que se movía esta gente. La importancia que le daban era tal, que se sabe que desde el 2000 a.C. los egipcios acostumbraban a anotar sus sueños en papiros.

Las tablas que contenían las interpretaciones de sueños no circulaban de mano en mano, ni estaban al alcance de cualquier ciudadano que quisiera descifrar el sentido de sus relatos oníricos. Estas claves de sueños eran elaboradas y conservadas por los ESCRIBAS de la Casa de la Vida, una especie de instituciones religiosas donde se copiaban los manuscritos rituales, y donde se cultivaban diversas ciencias, como medicina, teología, y naturalmente, oniromancia.

Cuando la Biblia fue traducida al copto, la expresión empleada para designar al intérprete de sueños en la historia de José fue SPHRANCH. En ella se puede reconocer la antigua forma SECH-PER-ÂNKH, "Escriba de la Casa de la Vida", de lo que se deduce la gran importancia que tenían estos personajes, así como su uso restringido a las clases más poderosas del Antiguo Egipto. Sin embargo, y a pesar de ello, no podemos obviar que en su totalidad, este gran pueblo concedió la máxima importancia a un hecho que todos los humanos realizamos cada noche, y al que muchos no prestan atención: soñar.

Tal vez si estuviésemos más atentos a esas imágenes oníricas, nuestra forma de caminar en la vida fuese más acertada. La sabiduría que encierran los sueños es más grande de lo que pensamos. ¡Bien que lo sabían los antiguos egipcios!


Fuentes:
https://www.guioteca.com/tarot-y-suenos/los-suenos-en-antiguo-egipto-contacto-divino-y-misterioso/
http://atlascultural.com/historia/suenos-civilizaciones-antiguas-i
Luigi Prada (2011): Classifying Dreams, Classifying the World: Ancient Egyptian Oneiromancy and Demotic Dream Books.




 

 
 
 

domingo, 22 de enero de 2017

MISTERIOSAS CAMPANADAS EN SUEÑOS




Quizá porque llegamos a unas fechas muy marcadas en el calendario, el recuerdo de una experiencia onírica bastante reciente ha acudido a mi mente en las últimas horas. El 1 de Noviembre está cercano, y con él, la celebración en recuerdo de todos aquellos seres queridos que trascendieron y partieron a otros planos o existencias. El Día de Todos Santos nos recuerda que llega el momento de honrar a nuestros muertos.

Soy de la opinión de que la muerte es tan sólo un tránsito a otro estadio, a otro lugar donde nuestro espíritu, una vez liberado de su envoltura física, prosigue su andadura para realizar distintas tareas dependiendo de lo aprendido o no en esta vida. Y por eso precisamente, y también por haber tenido sueños y experiencias que así me lo han revelado, sé con certeza que los difuntos acuden a visitarnos en sueños para tratar de contactar con nosotros, bien por diferentes motivos, o para anunciarnos de alguna manera que alguien se va a reunir con ellos próximamente allá donde se encuentren.

El sueño al que hago mención tuvo lugar la última semana de Agosto de este mismo año, y en él me vi envuelta en una situación que jamás había experimentado hasta entonces. Muchas veces no hacemos caso al simbolismo de los sueños, y tal o cual objeto no nos sirve de orientación, a menudo porque nos da pereza detenernos unos minutos a interpretarlo, o bien porque confundimos su significado. Es lo que me sucedió a mí, hasta que la vida me demostró definitivamente que andaba equivocada, y que el sueño me había hablado con una claridad diáfana. Dice El Talmud – libro sagrado hebreo donde se estudia el Antiguo Testamento -, que no interpretar un sueño es como recibir una carta y no leerla. Pues bien, yo recibí una carta-sueño, pero por pereza y olvido no la “abrí ni leí” debidamente.

Aquella noche me acosté como de costumbre, pero tuve unas cuantas pesadillas que me generaron gran desasosiego, sobre todo porque eran increíblemente idénticas. Aquello me sorprendió, pues no había motivo para que se produjesen dado que durante el día no había tenido ninguna experiencia desagradable o con la que me hubiese acostado rondando en mi cabeza. Todo estaba tranquilo en mi vida, así que mis despertares en medio de la noche fueron abruptos y confusos. Algo me puso en guardia, aunque sin saber con exactitud a qué hacía referencia. ¿Qué significaban aquellas pesadillas recurrentes? Sabido es ya por la ciencia que este tipo de sueños repetitivos pueden producirse en diferentes días para avisarnos de algo que subyace en nuestro inconsciente, pero ¿en una misma noche?

En esos sueños extrañamente iguales, el escenario era oscuro y envuelto en una niebla grisácea que calaba hasta los huesos. Aparte de ella, no acertaba a ver nada más. Era como una inmensa nebulosa que parecía querer engullirme, pero sin llegar a conseguirlo. Parapetada tras unas solitarias rocas, pues la escena se producía en medio de un páramo desolado, escudriñaba tratando de romper ese velo neblinoso para percibir si había algo o alguien por allí, pero tan sólo me rozaban los fríos y gélidos dedos de la densa niebla que, poco a poco, me iba penetrando hasta el tuétano.

En un determinado momento, y en todos y cada uno de los sueños de esa misma noche, un pequeño atisbo de lucidez se apoderaba de mi mente para tratar de hacerme consciente, sin lograrlo, de un mensaje que parecía pretender aflorar. A continuación, me despertaba abruptamente de la pesadilla. Así sucedió en tres ocasiones, hasta que saliendo de la última, comencé a escuchar el tañir alborotado de unas campanas de iglesia. El sonido era desordenado y caótico, y me asustó tanto que creí que estaban sonando dentro de mi propia casa. Me desperté sobresaltada y sacudí por el brazo a mi marido para preguntarle si él también las escuchaba, pero me confesó que no las oía, y yo me quedé sentada en la cama sin saber a qué obedecía ese extraño fenómeno.

Cuando me levanté, me apresuré a escribir los sueños en mi cuaderno, así como a indagar acerca de una posible interpretación. Debido a que mi familia paterna es oriunda de una pequeña localidad de Huesca, de niña y hasta bien entrada mi juventud pasaba las vacaciones estivales en ese pueblecito donde, incluso hoy en día, parece haberse detenido el tiempo. Por ese motivo, reconozco perfectamente los diferentes tañidos de las campanas de una iglesia: a boda, a misa, a mortijuelo (cuando fallece un niño), a muerto... Los he oído muchas veces, y por eso no asocié ninguno de ellos a lo que yo había escuchado esa madrugada al despertar. Aquel voltear caótico de campanas me resultaba irreconocible. Mi marido me tranquilizó diciendo que también podía significar algo espiritual, pero yo estaba muy intraquila y las presentía de mal augurio. Mi intuición se confirmó al día siguiente, cuando nos telefonearon para comunicarnos que la abuela materna de mi marido había sido ingresada de urgencia en un hospital de la localidad donde residía. Justo una semana después, la enterrábamos.

A la vista de lo sucedido, considero firmemente la posibilidad de que se me estuviese avisando de su fallecimiento, pero en aquel momento fui incapaz de entenderlo. Si las campanas hubiesen tocado a difunto me hubiera orientado mejor. Lógicamente, no pensé en un posible fallecimiento de alguien cercano, sobre todo porque ignorábamos que la abuela de mi pareja estuviese gravemente enferma, dado que la familia nos lo había ocultado para no preocuparnos.

Obviamente, a estas alturas continúo sin saber qué o quién hizo sonar esas campanas, pero de lo que sí estoy segura es de que sonaron para avisarme de aquella próxima defunción. Tal vez pudo ser mi inconsciente, o tal vez los del “otro lado” me advirtieron de lo que iba a suceder. Sea como fuere, mi conclusión es que jamás debemos obviar cualquier signo o símbolo que se repita en nuestros sueños. Su capacidad de conexión con nuestra psique es tan grande, que menospreciarlo implica cometer un severo error del que muchas veces podríamos arrepentirnos.


sábado, 3 de diciembre de 2016

POR QUÉ TENEMOS PESADILLAS NOCTURNAS




Me adentro hoy en un tema que todos hemos experimentado alguna vez, y que no por ello deja de ser inquietante. Sus abundantes y variadas manifestaciones originan en el soñador todo tipo de preguntas al respecto, siendo frecuente que nos pasemos unas cuantas horas, si no varios días, dándole vueltas al asunto para tratar de extraer una explicación adecuada a semejante experiencia. En ocasiones resultan tan vívidas e impactantes, que causan una profunda convulsión en nuestro interior.

En general, las pesadillas son sueños que generan sensaciones de miedo intenso y que nos despiertan cuando nos encontramos en una fase REM, es decir, en ese momento en el que generamos unos movimientos oculares rápidos. Dicha fase del sueño se repite cada 90 ó 115 minutos, por lo que pueden darse varias pesadillas en una misma noche, aunque según indican los psicólogos, éstas sean más frecuentes al amanecer. Cuando los sueños de estas características se repiten con cierta frecuencia y de manera intensa, comienzan a ser un problema, pudiendo originar como consecuencia trastornos adicionales que rompen nuestro patrón normal de sueño.

Todos sabemos que las pesadillas son muy comunes durante la infancia, e incluso se considera normal que haya niños que las padezcan de manera repetida. En el fondo se especula con la posibilidad de su intensa capacidad receptiva, debido a la cual son más vulnerables a los cambios y situaciones traumáticas. De ahí la "normalidad" de que lo revivan de manera magnificada durante el sueño. De todas formas, hay casos de niños que necesitan un tratamiento psicológico, porque estas manifestaciones oníricas pueden llegar a alterarles la vida normal. En ocasiones, también sucede con los adultos, ya que hay personas a las que las pesadillas no les dejan dormir las horas necesarias, o les afectan en lo que denominamos "vida real".

En los más pequeños suelen producirse pesadillas al inicio del sueño, en las dos o tres primeras horas después de haberse ido a dormir. Es lo que se conoce como TERRORES NOCTURNOS, y están ligados a la o las experiencias que ha vivenciado el niño mientras permanecía despierto o en estado de vigilia. Sin embargo, y tal como he indicado antes, las pesadillas más profundas, esas de las que hablo en este artículo, se producen generalmente cuando el sueño está ya bastante avanzado.

Pero ¿por qué se producen las pesadillas en los adultos? Sin duda, esta es una pregunta que nos hacemos todos los interesados en el mundo onírico, dado que son experiencias realmente angustiosas en las que el soñador cree vivenciar y experimentar de verdad todo lo que está visionando en su sueño. A este respecto, y en cuanto al origen de las pesadillas en los adultos, únicamente se sabe lo que los psiqiatras, psicólogos y especialidas han podido determinar. Mediante diferentes estudios se ha podido establecer que el estrés psicosocial, así como la ansiedad, tienen mucho que ver en su aparición, ya que muchos problemas o situaciones que nos impactan a lo largo del día se procesan en forma de pesadillas y sueños molestos durante la noche.

Las valoraciones terapéuticas de los afectados casi siempre dejan al descubierto algunos factores emocionales asociados a las pesadillas. También es posible que estén relacionados con el síndrome de estrés postraumático, que se da en personas que han vivido acontencimientos traumáticos de gran calado, como puede ser un atentado, una violación o una agresión.

Para los psicólogos, este tipo de sueños no tienen por qué ser estrictamente negativos, ya que pueden servirnos para entender mejor qué pasa por nuestra cabeza, así como ayudarnos a encajar determinados cambios que se han producido en nuestra vida y que nos han dejado descolocados. Es lo que los profesionales llaman función de adaptación del sueño, y que nos sirven para completar o finalizar un proceso que durante la vigilia no hemos comprendido del todo o no hemos terminado de asimilar. No obstante, para llegar a ese punto hace falta que dediquemos algo de nuestro tiempo personal oara analizar lo soñado, y así poder incorporarlo a nuestra vida "digiriéndolo" de manera correcta.

Aparte del aspecto psicológico, también hay una serie de factores físicos que nos pueden generar pesadillas. Con frecuencia, éstas se caracterizan por ser sueños angustiosos y pesados durante los que practicamos una respiración entrecortada y con opresión en el pecho. De ahí que los problemas digestivos estén muy relacionados con este desagradable fenómeno nocturno. Una mala digestión o una cena demasiado copiosa pueden ser la causa de que nuestra cabeza genere una pesadilla en la noche.

La fiebre elevada o alguna enfermedad dolorosa también pueden provocar la pesadilla; por eso, las causas físicas deben ser las primeras a descartar en el momento de tratar de interpretar nuestros sueños. Sin duda, nuestro cuerpo nos habla, y durante el periodo del sueño, cuando más relajados y desconectados del mundo estamos, él no deja de contarnos todo aquello que le angustia y molesta. De ahí que debamos aprender a separar el trigo de la paja, o lo que es lo mismo, los fenómenos físicos de lo que realmente es una pesadilla originada por nuestro subconsciente.

Algunos factores externos a nosotros también pueden ser motivo de pesadilla. Que estemos durmiendo no quiere decir que nuestro cuerpo deje de realizar sus funciones, ya que nuestros sentidos continúan alertas aun en estado durmiente. Por eso, los ruidos, los olores o los movimientos a los que podemos vernos sometidos mientras dormimos pueden ser también la causa de un mal sueño.

Lo más importante de una pesadilla es el mensaje que se puede extraer de ella. Al estar relacionada, bien con el cuerpo o bien con la mente, nos va a proporcionar información sobre nosotros que probablemente desconozcamos. Por eso, es interesante que recordemos el mayor número de datos y los tengamos presentes a la hora de buscar su interpretación. Posiblemente estemos olvidando una información muy valiosa que nos dan los sueños sobre nosotros mismos.

Espero que con todo lo aquí expuesto, los terrores que podamos experimentar al vivenciar una pesadilla nocturna dejen de asustarnos. Extraerles bien su explicación, y así darle un sentido racional y coherente a ese miedo que nos ha asustado durante la noche, será ya pan comido.

¡Felices sueños, amigos!


lunes, 24 de octubre de 2016

SUEÑOS RECURRENTES

Todos hemos tenido alguna vez sueños recurrentes, esos que se repiten con una cierta frecuencia sin que sepamos cuál es el motivo de dicha repetición. Incluso aquellas personas que dicen no recordar jamás sus sueños también los han tenido, aunque en este caso, sí recuerdan con claridad esas visiones que, de manera repetida, se han producido en diferentes ocasiones mientras dormían.

Los sueños recurrentes son aquellos que se repiten con poca variación en la historia o tema que tratan. Aunque puedan ser positivos, la mayoría de ellos se convierten con bastante frecuencia en pesadillas (a este tema dedicaré otro artículo próximamente). Según la ciencia médica ortodoxa, dicha repetición de sueños puede darse porque el conflicto plasmado en el sueño permanece sin resolver o ignorado por el individuo, asegurando tanto psicólogos como psiquiatras que una vez encontrada la solución al problema, los sueños que se repetían tienden a desaparecer.

Siguiendo con las pautas dadas por la ciencia, en este tipo de sueños, el mensaje puede ser de un calado tan importante que nuestro subconsciente no permita que lo ignoremos. Por eso, lo trae una vez tras otra a nuestra mente, haciendo aflorar una información importante para que actuemos en consecuencia. De ahí que la repetición frecuente de tales sueños nos fuerce a prestarles atención y enfrentarlos.

Cuando el subconsciente trata desesperadamente de contarnos algo en estado de vigilia y no lo consigue, utiliza la vía de los sueños para expresarse, en ocasiones con imágenes o situaciones aterradoras que nos impacten profundamente. De esa manera, se asegura de que no olvidemos su mensaje y tomemos cartas en el asunto si queremos que desaparezcan.

Los sueños recurrentes son bastante comunes y suelen producirse en épocas de gran estrés. Estos sueños pueden repetirse a diario, una vez a la semana o una vez por mes, pero cualquiera que sea la frecuencia, hay poca variación en el contenido del sueño en sí mismo. Lo que sí hay que tener presente es que, en el 90% de los casos están relacionados con hechos importantes de nuestra vida, en ocasiones con situaciones traumáticas a las que no hemos dado una salida o no hemos asimilado.

No es extraño que este tipo de sueños se produzcan con bastante frecuencia entre los niños, ya que en ellos son más los hechos que pueden incidir a la hora de dejarles una huella importante, pues no tienen todavía herramientas para entender y asimilar el mundo que se les descubre de golpe.
De todas formas, no hay que perder de vista que los sueños repetitivos pueden responder al trabajo que el Inconsciente está haciendo para reparar heridas afectivas (lo cual implica una sabiduría intrínseca que todos tenemos, y que podemos aprender a aprovechar). Comprender el significado de nuestros sueños escuchando lo que el Inconsciente tiene que decirnos es una manera bien concreta de hacerlo, pero también hay otro tipo de experiencias que escapan a las tesis más ortodoxas, y que nos podrían hablar de viajes astrales espontáneos, con todo lo que ello conlleva de importante.

Carl Jung decía que cuando el individuo comprende lo que el Inconsciente le está diciendo a través de un sueño, tiene que tomar responsabilidad sobre ello y trabajar para que esa información se vuelva un factor que transforme su vida de vigilia, necesite el tiempo que necesite para dicho trabajo.

Intentaré aclarar un poco lo anterior explicando las diferencias entre el Subconsciente y el Inconsciente. El Subconsciente conoce las cosas que sabemos, pero que temporalmente hemos olvidado ya en nuestro Consciente. Es por eso que con un poco de esfuerzo, podemos volver a recordarlas y traerlas al campo de lo consciente.

Sin embargo, el Inconsciente, que es la parte más grande y oculta de nuestra mente (ocupa unas 6/7 partes del total) almacena innumerables experiencias que hemos vivido desde la niñez y que son imposibles de recordar (incluso me atrevería a afirmar que también de otras vidas, si nos ceñimos a los estudios realizado al respecto por el propio Carl Jung). Dichas experiencias están presentes en forma de impulsos, impresiones, pensamientos incontrolados y recuerdos reprimidos, activos e impulsivos.
En el mundo espiritual, es precisamente en el Inconsciente donde se cree que esta nuestro verdadero Yo, siendo el lugar donde reaccionamos. De ahí que cualquier cosa que permitamos que llegue a este lugar nos afectará durante toda la vida.

De todo lo anterior se deduce que los sueños tienen un importante papel adaptativo desde el punto de vista fisiológico, pero quedarse únicamente con esa explicación es desconocer la enorme riqueza del contenido inconsciente gracias a la cual podemos adaptarnos y desarrollarnos psicológicamente. La actividad onírica no sólo cumple una función orgánica sino también psicológica, y en muchas ocasiones espiritual y canalizadora con otras energías ajenas a nosotros mismos, y que también pueden ser recurrentes.

De ahí que para entender esto sea necesario tener en cuenta que el contenido de los sueños, a pesar de lo que muchos investigadores opinan, no tiene nada de “basura narrativa”, y que los sueños recurrentes deben ser estudiados y analizados con mucho más rigor y amplitud de miras de las que actualmente se les conceden.



miércoles, 24 de agosto de 2016

VIAJES ASTRALES, RUMBO A LO DESCONOCIDO


A menudo escuchamos la expresión Viaje Astral, y nuestra mente se llena de impactantes imágenes oníricas, con alegorías a extraños vuelos, lugares, criaturas desconocidas o experiencias extrañas. Es la magia de unas palabras que han quedado ancladas en nuestro subconsciente gracias a la divulgación del fenómeno por parte de ciertos investigadores, quienes por fortuna se han empeñado en hacernos saber que los seres humanos tenemos un potencial mayor del que creíamos.


Dichas experiencias oníricas – al menos yo las incluyo en ese grupo -, son llamadas también Proyecciones Astrales, y se producen cuando el cuerpo astral se separa del físico sin ser preciso que ni nuestro cuerpo emocional ni nuestro cuerpo mental intervengan. A veces sucede de una forma espontánea, es decir, a través de los sueños, y en otras ocasiones somos nosotros mismos quienes los originamos a voluntad, aunque todo sea dicho de paso, tras un largo y exhaustivo aprendizaje. Realizar viajes astrales a voluntad no es nada fácil, como más de un curioso habrá podido comprobar.

En base a estudios científicos se sabe que las experiencias extracorporales, aparte de ser inducidas deliberadamente y con una disciplina férrea por determinadas personas, pueden ser producidas por traumas cerebrales, por privación sensorial, experiencias cercanas a la muerte, drogas disociativas y psicodélicos, deshidratación, o por estimulación eléctrica del cerebro. Por supuesto, a todo lo anterior habría que añadirle el momento del sueño, en el que siempre se produce una experiencia de esta índole, aunque existan diferentes modalidades.

Los Viajes o Proyecciones Astrales son tremendamente importantes a pesar de que no se les conceda excesiva importancia en nuestro día a día. La mayoría de las veces se producen cuando dormimos, por lo que resulta indudable que todos experimentamos viajes astrales, aunque sea de manera inconsciente, porque todos los seres humanos soñamos, lo recordemos o no. Nuestra mente trabaja a muy bajas frecuencias cuando dormimos, y eso propicia que podamos realizar dicha proyección o viaje.

Un gran sector del público opina que los viajes astrales son peligrosos, pero lo cierto es que no se corre ningún peligro de que nos podamos perder en el astral, pues nuestro cuerpo físico está unido a nuestro cuerpo astral mediante un cordón o hilo llamado CORDÓN DE PLATA, que es el que nos mantiene bien sujetos para que no nos extraviemos. Dicho cordón puede tener un grosor variable entre 5 y 1 cm., siempre dependiendo de la distancia a la que se encuentre nuestro cuerpo físico de nuestro cuerpo astral. Este cordón es elástico y flexible, por lo que se puede extender a voluntad hasta donde viajemos; sin embargo, a la hora de la vuelta, con sólo pensarlo, nos hace retornar hasta nuestro cuerpo físico de manera automática y sin ningún tipo de problema.

Los viajes astrales pueden ser conscientes, es decir, provocados por nosotros mismos, o generados de una manera espontánea en nuestro sueño o descanso nocturno. Son experiencias que acostumbran a darse en lugares distintos a los que conocemos y en situaciones que nos resultan extrañas o desconocidas. Podemos visitar lugares a los que nunca hemos viajado, o encontrarnos con personas o entidades que no conocemos. Incluso podemos experimentar sensaciones que en nuestro plano físico son imposibles.

Tras muchas investigaciones de campo para hablar con personas que han realizado este tipo de proyecciones de manera voluntaria, y que han accedido a contarlas y describirlas, se ha sabido que en estos viajes a lo desconocido nos podemos encontrar con diferentes entidades. ¡No sólo nosotros íbamos a poblar el Plano Astral! Dentro de los contactos que son factibles porque se han producido con viajeros astrales, están los Vampiros energéticos, que son seres del bajo astral que se cruzan en nuestro camino si bajamos muchos las vibraciones (esto puede ocurrir si nos dormimos con un estado de ánimo muy bajo o depresivo, o si inducimos el viaje cuando no tenemos unas condiciones emocionales óptimas). También están los Guías ciegos, que no son otros que nuestros seres queridos ya fallecidos, o bien otro tipo de seres diferentes, pues la variedad de entidades que pueden aparecer en nuestro periplo astral es enorme.

Para todo aquel curioso que desee iniciarse en este arte onírico, voy a dejar una serie de sencillas pautas para realizar un viaje astral inducido, aunque apele al sentido común del que se ponga a esta singular tarea. La prudencia, la paciencia y la práctica son muy necesarias, pues no se consiguen resultados óptimos antes de 2 meses. No obstante, las sensaciones una vez logrado son tan fantásticas, que repetir una vez tras otra puede llegar a convertirse en un placer.

CONSEJOS:
    • Es muy importante que nos mantengamos lúcidos en el sueño. A veces, podemos estar fuera del cuerpo sólo con un 20 % de lucidez, y no somos conscientes del todo de la experiencia que estamos viviendo.
    • Es posible que ya en la fase de ensoñación salgamos del cuerpo, así que hay que estar alerta en ese sentido para no perder la oportunidad.
    • Se puede realizar en el momento en que nos vayamos a descansar, sea la hora que sea.

TÉCNICA RECOMENDADA:
    • Nos tumbamos cómodamente en un lugar tranquilo y a oscuras, o en semi-penumbra.
    • Relajamos el cuerpo haciendo unas respiraciones profundas.
    • Acto seguido, iremos cerrando los ojos, pero sin llegar a concentrarnos en el negro o en la oscuridad.
        • Es preciso que nos esforcemos en observar los diferentes colores y formas que divagan por nuestro campo de visión a pesar de tener los ojos cerrados.
    • Hay que observar esas formas u objetos que van apareciendo. Pueden ser rostros, objetos, lugares.... No nos importe si en ocasiones son cosas surrealistas.
    • Nos centraremos en esos objetos o imágenes, pero sin fijar los detalles. Hay que dejar que vayan cambiando.
    • Estos, poco a poco, se irán volviendo más nítidos y empezarán a tener colores y adquirir realismo. Cada vez los iremos viendo más claros y nítidos.
    • En ese momento, todo comenzará a vibrar repentinamente, y nuestro cuerpo empezará a moverse de manera extraña. Es importante que no nos alteremos ni asustemos ante esta situación.
    • Acto seguido, y si el silencio es absoluto, nuestros oídos comenzarán a generar un pitido continuado que, transcurridos unos minutos, irá variando y comenzando a ondularse.
    • Es entonces cuando nuestro cuerpo comenzará a vibrar, y podremos acceder ya al plano astral.

Confío en que estos pequeños consejos os sirvan para iniciaros en este fascinante mundo. Si tenéis más curiosidad por el tema y deseáis ampliarlo, podéis escuchar al respecto mi intervención el programa LADRONES DE SUEÑOS, donde hablé de este fenómeno onírico. Os dejo el enlace donde aparece el podcast del programa.

http://www.maytedelsol.com/viajes-astrales-ladrones-suenos/ 

¡Feliz viaje!