lunes, 10 de julio de 2017

SUEÑOS TELEPÁTICOS ¿PODEMOS MANIPULARLOS?


Uno de los mayores misterios que rodea en la actualidad al mundo de los sueños es la telepatía que se puede establecer entre varios individuos que estén durmiendo al mismo tiempo. Parto de la base de que los sueños no tienen en sí mismos ninguna capacidad. Quien la tiene realmente es el individuo, la persona que se sumerge en el estado de letargo que produce el sueño, y que debido a una serie de circunstancias, puede contactar con otra persona. Por eso, el sueño es el medio o soporte ideal para favorecer la comunicación telepática. Digamos que es como un portal, probablemente dimensional, el cual permite a nuestra mente desplazarse fuera de los límites del tiempo y el espacio.

Quizá el primero en interesarse seriamente por los Sueños Telepáticos fue Sigmund Freud, estimulado con toda probabilidad por las experiencias recopiladas por Nandor Fodor, un parapsicólogo con quien trabajaba a menudo y a quien consultaba muchos temas fuera del terreno exclusivamente psiquiátrico o psicológico.

En 1922, Freud escribió un ensayo acerca de este tema tan controvertido, titulado "Sueños y telepatía" (Traum und Telepathie), donde elaboraba un modelo muy estructural de cómo poderse comunicar telepáticamente con otra personas a través de los sueños. El informe fue ideado como una serie de lecturas, aunque después el propio Freud lo descartó al considerar el tema como algo imposible de probar siquiera de manera hipotética. Sin embargo, en cierta ocasión él mismo experimentó por sí mismo los efectos de un sueño telepático cuando predijo, de manera muy certera, la muerte de su nuera. Aunque tiempo después se desdijo aludiendo a que solo había tenido una mera anticipación subjetiva, no obstante continuó recopilando bastante información acerca de los pacientes que analizaba y su comunicación telepática a través de los sueños. Por desgracia, el estudio quedó estancado y no avanzó, por lo que hemos perdido una valiosa información que podría resultar muy esclarecedora para este fenómeno onírico.

Tener un sueño telepático no es nada extraño. Algunos científicos los encasillan en el terreno de los fenómenos paranormales debido a que no es necesario que una de las personas sea consciente de ello, y la misma ciencia los define como sucesos oníricos en los que el soñador es capaz de comunicarse mediante la telepatía con otra persona. Eso sí, esta segunda persona también debe estar dormida; de lo contrario, la conexión telepática no se produce. 

Pero ¿realmente es posible comunicarse a través de los sueños? La posibilidad existe, sin duda, y además es bastante alta, pero probarlo es algo más complicado. Carl G. Jung también aprobaba esta teoría. El famoso psiquiatra suizo estaba convencido de que el subconsciente de dos personas se puede comunicar perfectamente entre sí durante el sueño, sobre todo al alcanzar la fase más profunda. Tan seguro estaba de ello, que llamó al fenómeno transferencia onírica”.

Según la creencia de Jung, a pesar de que los sueños sean un acto inconsciente de nuestro cerebro, se pueden controlar, al menos de manera parcial, por dos personas que quieran establecer una conexión onírica más profunda. Y es que, cuando soñamos, lo que realmente nos resulta imposible controlar de manera voluntaria es nuestro cuerpo. En cambio, sí podemos hacerlo hasta cierto punto con nuestra mente, ya que determinados sueños pueden ser controlados por nosotros (sueños lúcidos, viajes astrales...)


 Recientemente, Stanley Krippner, profesor de Psicología en la Universidad Saybrook en California, declaró que existe una gran cantidad de material clínico que apoya la posibilidad de efectos telepáticos ocurridos en sueños. No obstante, y según sus propias palabras, el enfoque experimental no ha sido posible hasta que la psicotecnología de laboratorio fisiológico no ha estado disponible. Es por eso que en estos momentos se está estudiando el fenómeno con gran interés. 

Cuando imaginamos la comunicación telepática onírica, lo más probable es ver a dos personas que tratan de comunicarse enviándose señales bidireccionales, pero ¿qué sucede si en realidad es una sola de ellas la que manda dichos mensajes, y entra “sin permiso" en el sueño de la otra?

Hoy se sabe que, cuando un intruso se nos cuela en uno de nuestros sueños, comenzamos a soñar de manera aleatoria y sin sentido alguno. Sólo nuestra mente es capaz de darse cuenta de lo que nos sucede, porque nuestra conciencia no lo distingue, escapando el sueño a nuestro control y tornándose bastante raro. Aparte, es fácil sentir que no somos nosotros quienes manejamos nada de lo que sucede en dicho sueño, y que además, hay “alguien” que parece controlarnos.

En esa situación – que por desgracia, sólo podemos comprobar una ver despiertos -, es cuando se confirma la intrusión. Lo más probable es que el sueño haya resultado extraño, y que hayamos sentido que algo no marchaba como debía. Además, al despertar se produce una manifiesta sensación de vulnerabilidad. Es como si nos estuviesen hackeando el sueño, porque dentro de él percibimos algo inexplicable e inquietante. Si aun estando dormidos sentimos algo que nos parece ilógico, es una clara señal de una presencia invasora, y por tanto, un elemento que demuestra que estamos sufriendo un sueño telepático manipulador.

Como imagino que más de uno deseará tener esta experiencia, dejo aquí unas pequeñas pautas para intentarlo. Algo fundamental es hacerse con papel y bolígrafo, y que la persona con la que deseamos contactar sea conocedora de que nos vamos a comunicar con ella en sueños (enfoco el tema desde un punto de vista voluntario, y no negativo ni manipulador).

Lo primero de todo es que escribamos, antes de acostarnos, el nombre de la persona con la que deseamos comunicarnos (hay que ponerse de acuerdo con dicha persona para que haga lo mismo y al mismo tiempo). Cuando ya estemos tumbados y relajados, trataremos de dormirnos pensando en ella. Al despertarnos, anotaremos en el papel todos los detalles del sueño: símbolos, personas, paisajes, objetos... Acto seguido, hablaremos con la otra persona para preguntarle qué soñó, qué símbolos vio o qué recuerda, y así poder comprobar si existe alguna conexión.

Parece fácil pero no lo es, por lo que hay que ser constante e intentarlo unas cuantas noches seguidas. No obstante, la magia llega a producirse. Transcurrido un tiempo, podremos comprobar que hemos llegado a soñar lo mismo que otra persona que se encontraba a una distancia considerable de nosotros. Fantástico ¿no?

  
 
 


jueves, 8 de junio de 2017

ENTES ¿COMPAÑEROS DE VIAJES ASTRALES?


Hace ya un tiempo hablé en uno de mis artículos del Bajo Astral y sus habitantes (os dejo el link por si le queréis echar un vistazo).

En él explicaba lo que ese 7º subplano del Astral encierra, y qué tipo de seres son los que lo pueblan, entre otros las Sombras, Cascarones o Gusanos y Larvas astrales, que forman parte de los Entes. Existen algunas diferencias entre estos y las Entidades propiamente dichas, por lo que hoy he querido escribir al respecto para aclarar las preguntas que algunas personas me han realizado.

Con la palabra ENTE se designa a seres no físicos o presencias que se adhieren a los humanos actuando como parásitos. Se conforman de negatividad, hábitos y pensamientos dañinos, así como malas acciones que los difuntos arrastraron al Más Allá. Todo esto queda suspendido en el éter, rodeándonos a la espera de parasitar si encuentra el campo abonado para ello

Este espinoso asunto muy rara vez se ha abordado en Occidente. La mayoría de personas tienen en su mente la imagen de películas de ciencia ficción o terror, desechando la posibilidad de su existencia real, e incluso tachando de perturbados a los que osan hablar de este fenómeno. Por dicho motivo, este tema no se ha tratado con seriedad en los países occidentales, lo que ha provocado que apenas existan terapeutas capaces de tratar profesionalmente con las mencionadas entidades. Sin embargo, en otras tradiciones y culturas esta cuestión no es nueva. El Ayurveda dedica una de sus ocho secciones al estudio de los bhütas o entes, así como a la influencia que ejercen en la salud física y mental del individuo. Asimismo, el famoso tratado hindú también toca la forma de librarse de ellos. Incluso en la práctica de la acupuntura, diecisiete puntos del conjunto de todos los que recorren los catorce meridianos principales del cuerpo humano, hablan del Kuei o espíritu desencarnado.

 Como norma general, un ente es un bulto de energía y conciencia con patrones de comportamiento simples y predecibles. Pueden ubicarse en cualquier parte del cuerpo, aunque donde más suelen hacerlo es en el torso y en la cabeza. Se ha podido detectar que los entes no suelen moverse mucho dentro del cuerpo del individuo. Prefieren aparecer como algo fijo y obstinado que no tiene intención de dejar ese lugar ni de responder a ningún intento de desalojo. La única voluntad de estos parásitos es, con frecuencia, disfrutar de emociones intensas dentro del individuo. Aunque resulte algo increíble, se sabe que la mayoría de ellos se enfocan en una demanda concreta, obsesionados por satisfacerla incansablemente. Pueden desear emociones específicas, como dolor, melancolía, sufrimiento, culpabilidad, castigo o violencia. No obstante, también puede darse el caso de que deseen la protección de alguien, o únicamente que los dejen solos mientras reposan en un ambiente cómodo.

Su tamaño suele variar, pasando del medio centímetro a los dos metros, aunque en la mayoría de los casos es menor a cincuenta centímetros. Sé que muchos se preguntarán cómo es posible saber sus dimensiones y la forma en que se mueve. El francés Samuel Sagan tiene la respuesta a esa pregunta, pues ha realizado miles de estudios con personas que se sentían poseídas. Sus experiencias le han conferido tal maestría, que ha llegado a dominar la técnica para detectar y despejar la presencia de entes adheridos.  

Según sus propias palabras, los entes suelen crear habitualmente una confusión interna en el individuo, gracias a la cual obtienen bastante rédito. Les gusta torpedear la claridad mental, incitando el deseo de comer desaforadamente, alimentarse sólo de comida basura, abusar del alcohol, o cualquier otro tipo de adicción. Además, suelen camuflarse con tanta habilidad que llegan a convencer a su víctima de que es ella quien tiene esas necesidades. ¿Cómo vamos a pensar que esas ganas imperiosas de beber cerveza que sentimos en los últimos tiempos responden a la acción de un ente que parasita nuestro cuerpo? Lógicamente, la verdadera magnitud del asunto no se advierte hasta que el ente es descubierto y la persona conoce la manipulación que ha sufrido. Mientras esto no suceda, la toma de decisiones del parasitado seguirá condicionada, pues la víctima se verá desbordada por sentimientos de enojo y consternación que la incapacitarán para llevar una vida normal.

No hay que confundir a los entes con problemas psicológicos o psiquiátricos. Muchos pensarán que este tipo de problemas puede ser achacado a un ente que diga llevar adherido el paciente, pero la diferencia entre la personalidad de un enfermo mental y la acción de un ente adherido es grande. Lo que sí resulta obvio es que la presencia de una entidad astral es algo que surge repentinamente. El individuo, de la noche a la mañana, deja de comportarse con normalidad. A menudo, las personas con un parásito de este tipo en su cuerpo son capaces de reconocer el momento en el que fueron invadidas, así como cuándo pudo ser expulsado el ente, instante a partir del cual dejaron de sufrir. Además de los afectados, también son capaces de distinguirlos las personas clarividentes.

Por eso, en sueños lúcidos que podamos inducirnos, o en posibles viajes astrales que realicemos, debemos ser muy cautos. En ese viaje podemos encontrarnos con unos compañeros indeseables de viaje que, sin que seamos conscientes de ello, se adhieran a nosotros y nos parasiten. Después es bastante difícil desprenderse de ellos.

Pero, ¿de dónde provienen estas entidades? Las evidencias demuestran que son fragmentos de astral que se separan del cuerpo energético cuando morimos. Pueden generarse a partir de un aborto, ya sea natural o inducido, en un embarazo, o incluso tras la muerte natural de un gemelo en la matriz de una mujer gestante. Dichos fragmentos no son los únicos tipos de entes que existen, pero sí los más comunes

Hay otros, como aquéllos que provienen de seres fallecidos, y de los que ya hablé en el artículo antes citado, que se manifiestan en la mayoría de los casos como fenómenos anormales de comportamiento, con una intensidad mayor que la que mostraban las personas en las que residían originariamente.
Imaginemos que, en vida, una persona sentía deseos de galopar a caballo, y que al morir, el fragmento correspondiente a dicha actividad se desprendió y parasitó en otra persona viva. Lo que ocurrirá será que, a partir de ese momento, ésta última sentirá unos impulsos irrefrenables por montar a caballo, de una manera más intensa todavía que la que experimentaba la persona fallecida.

Y claro, con esto surge una nueva pregunta: ¿por qué se manifiestan los entes de forma más acusada que cuando ocupaban el cuerpo original? La explicación es sencilla: son restos o pedazos que se desprendieron del cuerpo astral de un humano, y que, cuando estaban unidos a su cuerpo sutil y bajo la influencia de su personalidad, permanecían reprimidos por diversos factores. Una vez libres tras la fragmentación del cuerpo astral, dejaron de tener represiones y ahora se muestran tal como son.  

Como siempre digo, hay que prestar mucha atención a las energías que nos envuelven en todo momento. La protección resulta vital en cualquier momento de nuestra vida, pero en este más que en otros.

Reflexiones obtenidas del libro Entities, Parasites of the Body of Energy (Entidades, parásitos del cuerpo energético) - Samuel Sagan, 2003-2004

   

 

domingo, 4 de junio de 2017

Sueños con difuntos - LOS MISTERIOS DE ANAIS



El pasado 20 de Enero estuve de nuevo en el programa LOS MISTERIOS DE ANAIS, de Anabel Reyes, para hablar en esta ocasión de esos sueños que muchos hemos tenido, y en los que llegamos a ver o a contactar con difuntos.

Los sueños con difuntos son experiencias oníricas muy especiales, y a veces van más allá de un simple mensaje con estos, pudiendo llegar a producirse el auténtico contacto o comunicación. Ese tipo de fenómeno se produce en determinados momentos concretos de la noche, y de ello así como de toda la casuística que puede darse en dichos encuentros oníricos (en ocasiones son algo más), hablo en dicho programa.

Si os interesa el tema o deseáis conocer algo de él, no dejéis de escuchar el podcast del programa. Seguro que descubrís que vosotros también habéis sido, en más de una ocasión, testigos de excepción de fenómenos como éste.

Mi intervención es a partir del minuto 5. Espero que os aclare algunas dudas al respecto.


 

domingo, 30 de abril de 2017

ACERCA DE LOS SUEÑOS LÚCIDOS (II)

A principios del mes pasado os hablaba de los sueños lúcidos y de algo de la teoría que ronda en torno a ellos. Estudios, experimentos en hospitales y análisis por parte de los científicos nos han permitido descubrir un rinconcito de ese mundo especialmente maravilloso que rodea a estas experiencias oníricas. Algo de eso os conté ya,

http://maytedelsols.blogspot.com.es/2017/03/acerca-de-los-suenos-lucidos-i.html

pero en esta ocasión quiero decantarme por aspectos más cercanos, así como consejos para todo aquel que quiera aventurarse en este territorio tan poco explorado.


En la actualidad sabemos que los sueños son manifestaciones visuales inconscientes que nuestro propio cerebro genera por diferentes motivos o estímulos, y que están conformados por información y recuerdos que almacenamos en él a lo largo de nuestra vida. De ahí que todas las imágenes de nuestros sueños nos resulten familiares. Por supuesto, pueden aparecer nuevos personajes o lugares en un sueño, aunque según el psicólogo Michael Breus, son en realidad una combinación de imágenes o secuencias que hemos visto con anterioridad. Bajo mi punto de vista, y aunque suene excesivamente arrogante, no coincido del todo con su afirmación pues también pueden tenerse sueños lúcidos en los que viajemos a lugares en los que nunca hemos estado ni conocemos, o vemos escenas que jamás habíamos vivido. Obviamente, esta afirmación personal resulta bastante arriesgada, pero experiencias vividas por mí así me lo hacen creer.

No hace mucho tiempo falleció una hermana de mi padre a la que estaba yo muy unida. La mujer era muy anciana, y con noventa y cinco años y todo hecho en esta vida, creemos que decidió poner punto final a su vida para extinguirse, en poco tiempo, como un pajarito. Yo tenía un vínculo muy estrecho con ella por circunstancias de la vida, y recuerdo que fui la que se personó en la residencia de ancianos donde mi tía había pasado los últimos años de su vida, para organizar todos los trámites del entierro.

Tres noches después de haberla enterrado, estaba yo durmiendo cuando noté algo extraño que tiraba de mi brazo derecho. Recuerdo que me encontraba inmersa en un sueño, y que además éste era muy agradable. Un grupo de buenos amigos nos encontrábamos reunidos y bromeábamos alegremente, pero ese “algo” tiraba de mi brazo y me molestaba. Me desperté ligeramente y comprendí que estaba en mi dormitorio, pero esa molestia, ese “algo” que tiraba de mí seguía allí. Hice un gesto para desasirme de lo que fuese que me estaba tocando, y me volví a sumergir en el sueño de manera voluntaria. Curiosamente, regresé al sueño que tenía instantes antes y comprendí que estaba experimentando un sueño lúcido, porque proseguí en la misma escena que había dejado. En ella yo les incitaba a mis amigos a salir de aquel local y pasear por la calle. Era como si mi subconsciente no quisiese atender a esa “molestia” que tenía fuera del sueño. Una vez en la calle, yo los llevaba voluntariamente a un local de copas (que jamás había visto en estado de vigilia), y los invitaba a tomar unas bebidas concretas. Recuerdo que me miré las manos en ese instante, y comprendí que aquello lo estaba manipulando yo y que no era real.

Aunque me sentía cómoda en esa fantasía onírica, de repente sentí la acuciante necesidad de saber qué estaba ocurriendo “fuera de él” y decidí finalizar el sueño. Como si fuese a la velocidad de la luz, retorné a un duerme-vela que me hizo ser consciente de que aquella molestia continuaba. Abrí los ojos definitivamente y no olvidaré nunca que al girar mi cabeza hacia la derecha de la cama, que era el lugar de donde provenía, me encontré con el rostro de mi tía recién fallecida.

Sólo mostraba la cara, el cuello y parte de los hombros, y su aspecto no era en absoluto decrépito ni arrugado como en el momento de su muerte, sino de una lozanía típica de sus mejores años de vida. La miré asombrada y ella me sonrió de forma benévola y amable, como haciendo ademán de despedirse. Extrañamente, me sentí invadida por una fuerte energía que no sabía de dónde provenía. En cuestión de segundos, mi tía desapareció y me volví a recostar pensativa sobre la almohada. Antes de volver a dormirme tuve el total convencimiento de que ella había venido a despedirse, pero yo había provocado involuntariamente un sueño lúcido para evitar aquel suceso.

Está claro que los sueños lúcidos comienzan como cualquier sueño normal, pero cuando comienzas a soñar de manera lúcida, es cuando eres realmente consciente, de una manera abrumadora, del hecho de que tu mundo onírico no es real. Y cuando te das cuenta de ello, puedes controlar y manipular ciertos aspectos de la realidad del sueño. Eso es lo que diferencia el sueño lúcido de una alucinación, porque tu cuerpo físico está profundamente dormido y, en realidad, no siente nada de lo que haces aunque estés consciente y tengas el control.

Después de lo contado anteriormente, es muy probable que haya personas que deseen tener un sueño de este tipo. Reconozco que no es algo fácil de conseguir pues hace falta constancia y paciencia, y además, todos los métodos y técnicas tienen ventajas e inconvenientes dependiendo de la persona en sí. Por eso, solamente se pueden dar indicaciones generales a partir de las cuales cada uno construya su método personal. Stephen Laberge clasifica los sueños lúcidos en dos tipos, en base a la forma en que la lucidez aparece: durante el sueño (DILD) o al quedarse dormido (WILD).

Personalmente, opino que la manera más fácil de conseguirlo es utilizando el método DILD (Dream Induced Lucid Dreams), que se llama precisamente así porque comienza en un sueño. Esta es la manera de que la mayoría de la gente, aunque no tenga entrenamiento alguno, pueda experimentar al menos una vez en la vida un sueño lúcido de manera espontánea. En este caso, todo comienza con un sueño común, y consiste en darse cuenta o ser consciente, de alguna forma, de que estamos soñando. Es justo ahí cuando se entra en estado de lucidez, que es precisamente el que yo experimenté en el caso personal que he narrado antes

Para lograrlo, el primer paso es practicar el ejercicio de recordar los sueños al despertar. Si nos levantamos con prisa por acudir a nuestras obligaciones diarias o por el soniquete del despertador, no obtendremos éxito. Por eso conviene despertarse poco a poco, tratar de no abrir los ojos en seguida y recordar los sueños lo mejor que se pueda, con todos los detalles posibles. Por la noche, antes de dormir, conviene decirse a uno mismo – e incluso anotar – qué es lo que deseamos hacer cuando adquiramos lucidez, y después irnos a dormir con la intención de lograrlo. El siguiente paso es estar siempre atentos a las señales de los sueños, que habitúan a ser situaciones completamente inverosímiles estando en vigilia.

El otro tipo de método al que alude LaBerge es llamado WILD (Wake Induced Lucid Dreams), y puede llevar a tener experiencias fuertes y nítidas de los sueños lúcidos. Es más difícil de lograr porque se necesita un estado de tranquilidad y relajación difíciles de conseguir. Consiste en entrar directamente en estado REM (o sueño paradójico) desde la vigilia, manteniendo la consciencia en todo momento y sin tener ninguna ruptura. De ahí que en este método sea tan importante la relajación y la atención. Esta última resulta de vital importancia, porque es la que nos mantiene conscientes, la que nos da la continuidad mental para poder entrar de manera lúcida en nuestros sueños.


 Si después de relajarnos comenzamos a ver puntos de colores, rayas, o imágenes que pasan por nuestro campo visual, se pueden aprovechar dichas imágenes del estado hipnagógico (entre la vigilia y el sueño), para enfocar ligeramente nuestra atención en las imágenes que se nos presentan. Como en todas las técnicas en las que el factor fundamental es la atención, en este caso debemos adoptar el papel de “testigos”, observando en silencio pero sin involucrarnos. Conforme pasen los minutos, dichas imágenes o puntos irán desarrollándose hasta formar escenas completas, y cuando se vuelvan extremadamente sólidas o reales es el momento de “entrar”, de una manera sencilla y natural, en el sueño y vernos participando en el mundo onírico.


 Si lo anterior no funciona (hay muchas personas que no ven ni imágenes ni puntos), se puede contar mentalmente mientras nos quedamos dormidos, por ejemplo hasta el nº 100, y cuando lleguemos a ese número, decimos en voz alta: “estoy soñando”, y a continuación miramos a nuestro alrededor para comprobar que efectivamente lo estamos haciendo. Si no estuviésemos soñando, repetimos los mismos pasos y volvemos a verificar nuestro estado nuevamente.

Otra buena opción para mantener la atención es fijar la atención en las sensaciones del cuerpo. Con paciencia, y transcurrido un buen rato, comenzaremos a tener la sensación de estar “flotando”, pudiendo experimentar, con toda probabilidad, extrañas vibraciones por todo nuestro cuerpo. No hay que asustarse porque esta es la señal de que estamos cerca. En ese justo momento, hay que relajarse y entregarse a esas vibraciones, y cuando todo comience a cobrar una gran intensidad, es cuando podemos vernos inmersos en una escena dentro de un sueño, o bien tener una experiencia de salida del cuerpo.

Como veis, el asunto tiene su puntillo ciertamente laborioso, pero con paciencia y tranquilidad todos podemos tener sueños lúcidos, ya sea utilizando un método u otro. Os aconsejo que lo probéis aunque, eso sí, en días en los que no debáis madrugar. Como todo lo relacionado con el mundo onírico, ni las prisas ni el despertador son buenos compañeros.



¡Felices sueños!

sábado, 25 de marzo de 2017

ACERCA DE LOS SUEÑOS LÚCIDOS (I)



Desde hace un tiempo deseaba escribir acerca de este tema, sobre todo dada la cantidad de gente que me pregunta al respecto. La verdad es que se han vertido ríos de tinta para tratar de explicar los sueños lúcidos en todas sus dimensiones, por lo que quizá pueda parecer algo redundante lo que aquí trato de explicar. No obstante, mi enfoque no pretende ser excesivamente científico o técnico. Para eso ya están los psiquiatras, psicólogos e investigadores. A este lugar lo que me gusta traer siempre son explicaciones fáciles de entender para casi todo el mundo, así como casos reales que ilustren, de manera clara, el tema del que hablo. No obstante, en esta primera ocasión me resulta imprescindible hablar sucintamente del tema a nivel científico.

Tener la experiencia de vivir un sueño lúcido resulta apasionante, y para muchas personas entre las que me incluyo, no es preciso inducirlos de una manera más o menos “consciente” porque podemos hacerlo de manera espontánea aunque, eso sí, sin tener la capacidad de prepararlos a voluntad. Estar soñando y ser consciente de que lo estás haciendo resulta, a primera vista, sorprendente. Y más todavía si vamos modificando el sueño según nuestro deseo para que ocurran las cosas que anhelamos. ¿Por qué sucede esto? Pues porque a las personas que tenemos facilidad para experimentar sueños lúcidos, nuestro lóbulo frontal nos funciona de manera algo distinta y no llega a estar plenamente dormido. Como la consciencia del ser humano nunca se desconecta del todo aunque estemos durmiendo, durante la fase REM (que es cuando se producen las ensoñaciones), nuestra actividad cerebral aumenta especialmente en el lóbulo frontal del cerebro, que es el que está vinculado con la actividad cognitiva. Esto se sabe porque se ha podido medir científicamente.

En mi caso, reconozco haber tenido sueños lúcidos con más frecuencia siendo niña o adolescente, aunque ahora también los tenga pero de manera más esporádica. Ya no se producen con tanta frecuencia, pero cuando lo hacen es a menudo tras una pesadilla, imagino que a manera de autodefensa psíquica. Hace un tiempo leía en un artículo de la sección de ciencia de ABC (http://www.abc.es/ciencia/20150127/abci-suenos-lucidos-ventajas-201501261802_1.html), que el cerebro de los que experimentamos sueños lúcidos espontáneos es diferente, pues tenemos la corteza prefrontal (el área del cerebro que permite la autorreflexión), más grande que las personas que no acostumbran a experimentar sueños lúcidos nunca o casi nunca. Esta es una conclusión a la que han llegado neurocientíficos del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano en Berlín, y el Instituto Max Planck de Psiquiatría, en Munich.

Como veis, hay mucha especulación sobre el asunto, pero ahora llegamos al meollo del asunto, a esa pregunta que me han hecho en numerosas ocasiones ¿podemos provocarnos nosotros mismos los sueños lúcidos si no tenemos la capacidad de hacerlo de manera espontánea? O lo que vendría a ser un resumen de todo lo anterior ¿cómo se hace para tenerlos? Lo primero que debo decir, por casos que conozco, es que el asunto no es nada fácil, y además de necesitarse mucho tiempo, no todo el mundo llega a lograrlo. Ni yo misma lo consigo cuando lo deseo.

 Según Stephen LaBerge, en la actualidad uno de los mayores expertos en la materia, la frecuencia de estos sueños aumenta si se entrena a las personas para detectar los contenidos absurdos de los sueños, que habitualmente nos parecen normales mientras soñamos. Esto nos ayuda a reconocer que estamos soñando, que es la principal característica de los sueños lúcidos, los cuales se sabe también que ayudan en la mejoría de determinadas patologías como la depresión o la ansiedad. Resulta curioso que también tengan más sueños lúcidos de lo normal las personas con narcolepsia, un trastorno del sueño que causa somnolencia excesiva y ataques de sueño irreprimibles, incontrolados y frecuentes durante el día, así como pesadillas que producen pánico durante la noche.

Siempre resulta muy chocante para el soñador descubrir que esta teniendo un sueño lúcido, y eso provoca que debido a la emoción que siente, se “salga” del sueño y se despierte, con la consecuente frustración. Por eso aconsejo que la primera vez que alguien descubra que está soñando, procure mantener la calma. Si tenemos un sentimiento de felicidad, hay que procurar no exteriorizarlo y tomarlo con moderación, porque esas emociones fuertes durante un sueño lúcido son propensas a hacernos despertar. Estas pueden ser impresionantes porque podemos soñar que volamos, que viajamos a cualquier momento de la historia o que visitamos otras dimensiones, por poner un ejemplo. El abanico de posibilidades en un sueño lúcido es infinito, tanto como nuestra imaginación, aunque hay experiencias más difíciles de realizar que otras, sobre todo porque se necesita tiempo para asumir plenamente el control de este tipo de sueños.

Para tener un sueño lúcido se necesitan dos cosas: por un lado, un sueño vívido que todavía seamos capaces de recordar cuando despertemos, y tener también la capacidad de descubrir dentro del sueño que estamos soñando. El concepto es muy simple: necesitas tener un sueño, de alguna manera darte cuenta de que estás soñando, y luego tomar el control del sueño para que sea interesante. Por último, permanecer lúcido durante el tiempo que deseas es fundamental para que el ciclo se complete.

Pero quiero puntualizar algo importante, y es que antes de comenzar a tener sueños lúcidos, es necesario sobre todo tener facilidad para recordar lo que se ha soñado, realizar comprobaciones de la realidad para saber cuando estamos soñando, y poder planificar nuestro sueño para experimentar el sueño lúcido que elijamos. Es obvio que no seremos capaces de tener un sueño lúcido mientras no podamos recordar nuestros sueños, por lo que ese es el primer punto por el que hay que empezar.

La naturaleza de los sueños es con frecuencia tan vívida, que muchas veces creemos que estos son reales a pesar de que al despertar comprobemos que no lo eran. Como el cerebro funciona siguiendo las pautas del "ver para creer", es muy probable que creamos lo que vemos como una cuestión de rutina, ya sea en un sueño o en la vida de vigilia. Por eso es conveniente estimularlo para que sepa distinguir la realidad de la ficción. La aventura resulta apasionante, y tener un sueño lúcido, todavía más. Os garantizo que se consiguen experiencias increíbles, pero esas las dejo para la próxima ocasión, en que os contaré cómo se puede lograr tener un sueño lúcido, así como algún que otro caso real que os impactará.

¡Os espero!